Trescientos días de sol en numerocero.es

Emilio Ruiz Mateo reseña Trescientos días de sol de Ismael Grasa en numerocero.es:

En España se editan más de 70.000 títulos al año. Casi 200 libros al día. Lo reconozco: es un dato que puede llegar a obsesionar. Cierto  es que entre esos miles de nuevos libros que ven la luz día a día se incluyen las reediciones de títulos ya existentes, pero… ¿no es una auténtica locura en un país en el que, según los datos oficiales de la Federación de Gremios de Editores en 2010, los españoles mayores de 14 años leen una media de nueve libros al año? Entre esos nueve libros se incluyen los leídos por motivos de estudio o trabajo y, claro está, los que la gente exagera para quedar bien cuando le preguntan…

Lo anterior no es más que una manera de reducir la tristeza que provoca el hecho de que libros como ‘Trescientos días de sol’, de Ismael Grasa, pasen desapercibidos para una gran masa de lectores que, seguro, disfrutarían con él. Todos aquellos que aprecian los buenos relatos, la sugerencia y la prosa cuidada. Sinteticemos la fórmula: escritor desconocido para el gran público + editorial pequeña + autor no residente en Madrid o Barcelona + libro de relatos, y tendremos como resultado que ‘Trescientos días de sol’ protagonice hoy Lost&Found (esta sección de Numerocero creada para rescatar tesoros que en su momento pasaron sin pena ni gloria ) y no las páginas y reseñas que por justicia le habrían correspondido.


‘Trescientos días de sol’ son doce cuentos que exponen pequeñas historias protagonizadas por personajes comunes que, en un momento dado, se enfrentan al precipicio, al salto que media entre la moral y el delito, sea este tan insignificante como un pequeño hurto o tan despreciable como la pederastia. Nos engaña Grasa con las profesiones de sus personajes, que podrían dibujar un mapa social de la España de hoy (compra-venta de coches, repartidores de bebidas, técnicos de mantenimiento, oficinistas del INEM, animadores infantiles): detrás de toda esa normalidad se esconden grietas y rupturas en el pacto social.

¿Será que podemos calificar a Ismael Grasa como un escritor costumbrista? ¿Social? ¿Realista? Cierto, pero esto podría dejar de lado la mayor cualidad que en este aragonés destaca por encima de todas: su destreza a la hora de crear sensaciones. En el relato que da nombre al libro encontramos un asunto de corrupción urbanística (la crisis salta de los periódicos a la narrativa, como no podía ser de otro modo), un problema de pareja y un posible adulterio, pero uniendo todo ello y dominando la lectura reina una sensación asfixiante: la que sufre su protagonista viviendo en una casa 100% ecológica, pura ingeniería, controlada en cada detalle y capaz de detectar cualquier anomalía, que al momento es solucionada por una máquina. Probablemente al cabo de unos días hayamos olvidado la historia de David, pero no su angustia diaria, la que produce vivir en una prisión 100% domótica, y que Grasa ha conseguido contagiarnos con su prosa limpia y en apariencia inocua.

Los personajes de este libro no buscan la excelencia, ni cambiar el mundo, pero sospechan que en lo extraño, en lo que se sale de la grisura diaria, se esconde la verdad. Es por eso que en medio de un banquete nupcial, encerrado en un restaurante creado para simular la felicidad (“Éramos el relevo de ese salón de bodas, un sitio donde nunca paraban de destellar los flashes entre personas corrientes como nosotros, un raro glamour sin estrellas, por así decirlo”), el narrador de ‘Un robo’ siente que solo ese ladrón que la policía apoda Hulk, y que se ha llevado su cámara de fotos reventando la puerta del coche, es real, que todo lo demás que le rodea no deja de ser una pantomima.

Nos pueden contar con minuciosidad las razones por las que una pareja acaba fracasando, los sucesos que llevaron a la ruptura, pero argumentos y situaciones tienen poco que hacer frente a esos maravillosos detalles que solo un gran observador es capaz de elegir. La vergüenza que el narrador del relato ‘Servilletas en la piscina’ siente al pensar que sus vecinos de toalla vean las servilletas de tela que su novia lleva para almorzar en la piscina o la grima que le produce ver cómo prepara cada noche la ropa que se pondrá al día siguiente (“Siempre que he hecho el amor con ella he sabido con qué se iba a vestir por la mañana”) cuentan mejor un fracaso sentimental que todas las explicaciones. Y el libro está plagado de detalles tan acertados como este.

‘Trescientos días de sol’ viene arropado por dos buenos padrinos: la editorial zaragozana Xordica, uno de esos faros que alumbran las mesas de novedades con el buen ojo de la periferia editorial, y el Premio Ojo Crítico de Narrativa, cuyos últimos ganadores (Isaac Rosa, Pablo Gutiérrez, Julián Rodríguez, Alberto Olmos…) hablan del buen gusto de sus responsables. Entre esos 70.000 títulos que se editan al año en España, siempre hay que rescatar lo que publique Ismael Grasa.

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Un pensamiento en “Trescientos días de sol en numerocero.es

  1. Lara dice:

    ¡Viva Ismael Grasa!¡Viva Antón castro!¡Viva Labordeta!¡Viva Romeo Pescador! ¡ Vivan Usón y Aloma! ¡ Viva!¡Viva!¡Viva!

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