Reseña de TE VEO TRISTE en Numerocero

Elena Medel firma esta magnífica reseña de Te veo triste, de Fernando Sanmartín, y recuerda la estupenda Heridas causadas por tres rinocerontes en numerocero.

Un secreto
por Elena Medel
@medelelena

Al escribir sobre ‘Te veo triste’ no puedo obviar la anterior novela de Fernando Sanmartín,‘Heridas causadas por tres rinocerontes’, uno de los mejores libros publicados en España en los últimos años. No exagero. Jamás me cansaré de releerlo y recomendarlo: pleno de luz y dolor, emocionante, en el que late delicadísima la poesía, y que sortea con inteligencia un argumento difícil, el de la leucemia del hijo del autor.

Sanmartín asume el legado de ‘Heridas’ alejándose en lo formal e insistiendo en la reinvención de los tópicos. El secreto que destapa la muerte del escritor Luis Sampiero permite una historia de reconciliaciones y trenza una rara novela de detectives emocionales en la que la identidad y los motivos importan poco. Sanmartín limita su voz a la del autor y cede a la clásica tercera persona: habla Marta Sampiero, que descubre una nota en la que su padre le ruega que comunique su muerte a Carmen Cabrera. ¿Quién es esa mujer? Si significó para su padre tanto como para querer que la buscaran, ¿por qué no la conoce? ‘Te veo triste’ ahonda en la obsesión de Sanmartín por la memoria: bien propia para construir una común, bien ajena para explicar la de uno mismo, autor o lector. La expresión coloquial del título contrasta con la escritura mimadísima, de belleza generosa —“ Bruselas tiene algo de ciudad bolígrafo que sirve para escribir lo que uno ha visto antes”, “una mujer puede ser un lápiz que sirva para dibujar una pistola” — y vivísima gracias al uso del presente.

Los mejores momentos de ‘Te veo triste’ alcanzan la altura de ‘Heridas’. Oculto tras la brevedad de sus libros, en falsa equivalencia entre el número de páginas y la ambición o la calidad, silencioso como sus personajes en el catálogo de la exquisita Xordica, Fernando Sanmartín es —no exagero— uno de nuestros grandes narradores, aunque parezca de otro mundo: íntimo a la francesa, cotidiano a la italiana, empeñado en lo universal.

 

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