Entrevista a Line Amselem en Saucepolis

En Saucepolis estamos de enhorabuena. Contamos con la colaboración de un personaje de excepción. Tanto por su talento y sensibilidad como por sus orígenes y vivencias. Nuestra invitada es un ejemplo de la multiculturalidad que ha construido Europa. Descendiente de judíos sefardíes, de padres marroquíes y nacida en París, profesora de literatura española, ha realizado múltiples traducciones y presenta su primera novela: Pequeñas historias de la calle Saint-Nicolas (Zaragoza, Xordica, 2012).

¿Cuánto hay de autobiográfico en esta su primera novela?

Bastante, he querido entregar en ella un testimonio de la cultura, de las costumbres y del idioma de mis padres vistos desde el París popular de mi infancia. Las dos capas de recuerdos se asocian o se comparan. En realidad, la materia es autobiográfica y la construcción es muy pensada para intentar que resulte divertida la serie de capítulos como una novela picaresca o un compendio de cuentos orientales.

¿Cómo explicaría que tras tantos años de exilio, los judíos sefardíes conserven en parte el idioma y las costumbres?

Me parece que tiene que ver con el sentimiento de conservación de una identidad compleja: judía y española. España es para nosotros otro paraíso perdido después del Edén y de la Tierra Prometida. Tenemos un amor inmenso a España y un orgullo de hablar español al que se mezcla el dolor de haber sido expulsados. Lo que quiero decir es que la relación a España llega a ser casi un elemento de nuestra identidad religiosa.

¿Afectó esto a su decisión de estudiar literatura española?

Muchísimo. Al haber nacido en Francia si quería entender quienes eran mis padres tenía que hacer el esfuerzo de estudiar lo que ellos tenían a mano en la sociedad colonial y multicultural del Marruecos de aquel entonces.

Esta multiculturalidad, esta mezcla de idiomas e identidades, ¿Es una ventaja o un handicap en la Europa de hoy en día?

Me parece una ventaja evidente, ¡como todos los handicaps! El tener una identidad múltiple te hace ver las cosas desde diferentes puntos de vista, te obliga a comparar constantemente, a ponerte en el lugar de los demás y te enriquece. Lo más molesto es el momento en el que te preguntan de dónde eres exactamente.

¿Observa en Zaragoza la huella de la mezcla de culturas?

Por supuesto, no conocía Zaragoza hasta ahora, me he enamorado de la ciudad y de la gente a la que he conocido.

En la Alfajería, sin ir más lejos, se ven las huellas del pasado musulmán y el paso de la Edad media al Renacimiento de una forma suntuosa. Cada torre de la ciudad es un recuerdo de esta mezcla de culturas. Me quedo con las ganas de visitar los baños judíos cuya foto se ve en la calle y que parecen tan hermosos, escondidos en el sótano de un edificio de los años 1960.

Según me han contado, lo que es evidente en la arquitectura también existe en el idioma aragonés y yo lo he comprobado del mismo modo en la cocina y en la hospitalidad.

¿Qué opina de Zaragoza como destino para un viajero?

Es una ciudad llena de tesoros por todas partes, no solo museos y monumentos, sino plazas donde quedarse para disfrutar de la sombra de los árboles en una terraza. Me han hablado de muchos lugares de interés en la región, en este viaje he estado muy liada con la presentación del libro, espero poder volver pronto para seguir descubriendo Zaragoza y los alrededores.

En sus múltiples viajes ha podido conocer países a priori muy diferentes. ¿Cree que es más lo que nos une que lo que nos diferencia o al revés?

Me parece que lo que nos diferencia es lo que salta a la vista: la forma de comer o el color de la piel, pero después, lo que permanece es lo que nos une como seres humanos. Su pregunta me recuerda la película Night on Earth de Jim Jarmuch, que consta de cinco cortos. Cada uno relata “una noche en la tierra” en la que se viaja en taxi en París, Roma, Nueva York, Helsinki y Los Ángeles. A veces resaltaban los tópicos de cada país, en Roma por ejemplo, el taxi se transformaba en un confesionario, en París el taxista es un africano impresionado por una mujer ciega superdotada, pero lo divertido es que el espectador olvidaba enseguida el cambio de idioma y se queda con el contenido anecdótico y humano. Se identifica a veces con el taxista y otras veces con el pasajero.

¿Qué es lo más raro que le ha pasado en un hotel?

Siempre pasa algo raro en los hoteles, porque no está uno en su casa. La última vez que estuve en Italia para presentar la traducción italiana de mi libro en Génova, me habían reservado una habitación en un hotel y resulta que me instalaron en otro edificio, un palacio del siglo XVI. El lugar era precioso, la habitación muy cuidada, pero no había nadie para atenderme. Nada más llegar, me quedé con el picaporte en la mano, salí desesperada, menos mal, delante de mi puerta había un señor arreglando el ascensor ¡que también estaba estropeado! Cuando volví después de cenar, pude abrir el portal labrado del palacio, subí al primer piso, pero no pude encontrar mi apartamento ni por una parte ni por la otra de la escalera monumental. Tuve que subir y bajar varias veces, lo pasé mal de verdad, era como una pesadilla, hasta que los amigos que me acompañaban encontraron otra escalera que me llevó a mi habitación.

En el Hotel Sauce la acogida es excepcional, de parte de todos.

¿Qué objeto absurdo no puede faltar en su maleta?

Caramelos. Me encantan los caramelos siempre tengo unos cuantos conmigo y donde voy compro dulces para regalarlos o para comérmelos en otro lugar del mundo. En Zaragoza me he comprado frutas de Aragón, guirlache y adoquines, (de los pequeñitos para poder comerlos de verdad y no conservarlos como trofeos).

¿Le parece Zaragoza una ciudad interesante como escenario de una novela?

¡Si le cuento todo lo que me ha pasado en cuatro días en Zaragoza, nos sentamos las dos y escribimos una novela ahora mismo!

Federico García Lorca decía que para conocer una tierra lo mejor era comer sus dulces y escuchar sus canciones, estoy de acuerdo pero también necesito leer su literatura. Ahora no paro de leer autores zaragozanos cuyas obras se desarrollan a veces en su ciudad, me he llevado a París libros de Félix Romeo, Ignacio Martínez de Pisón, Antón Castro, José Luis Melero, Santiago Gascón, Aloma Rodríguez, Eva Puyó, Daniel Castro, Ismael Grasa, Chusé Raúl Usón, Miguel Mena, Fernando Sanmartín, Lara López, Cristina Grande, Rodolfo Notivol y del dibujante José Luis Cano… espero no haber olvidado a nadie.

*La entrevista aquí.

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