Los castellanos, de Jordi Puntí, en Los libreros recomiendan

Eva Cosculluela, de la librería Portadores de sueños, recomienda Los castellanos, de Jordi Puntí en el blog Los libreros recomiendan.

Todos hemos tenido alguna vez el sentimiento de pertenencia a un grupo o a un lugar, igual que hemos sentido estar en un lugar que otros reivindican como suyo. La niñez es ese territorio donde se construye la identidad y se observa curioso lo que es diferente, con una mezcla de desconfianza y de la excitación que provoca lo desconocido. Un territorio donde se mira con ganas de descubrir. Sobre eso trata este libro: sobre el descubrimiento de la vida y de la identidad propia y ajena, tan distintas pero tan parecidas en esencia.

Jordi Puntí cuenta en Los castellanos la llegada a Manlleu, su pueblo natal, de los primeros emigrantes que dejaron el sur y se instalaron en la zona industrial de Cataluña buscando prosperidad. Eran los años setenta y las calles todavía sin asfaltar acogieron los bloques de pisos (“Can García”, “Can Mateu“) donde se instalaban las familias que iban llegando, juntas, como si manteniendo la cercanía mantuvieran también las raíces y la distancia con sus pueblos de Andalucía, Extremadura o Murcia se hiciera un poco más corta.

Castellanos y catalanes se repartían el territorio: vivían en zonas distintas, no se mezclaban en los bares, llevaban a sus hijos a colegios diferentes: los castellanos, a la escuela pública, donde se enseñaba en catalán, probablemente (y, quizá, sin saberlo) para que sus hijos se integraran cuanto antes; los catalanes, a los Hermanos de La Salle, privado y con enseñanza en castellano. Los niños catalanes miraban a los castellanos con la desconfianza aprendida de los mayores, “con ese recelo inveterado, ese temor irracional a todo lo que era forastero y desconocido”. Entre ellos existía una relación tan contradictoria como lo es todo en la niñez: se temían a la vez que se desafiaban, se despreciaban a la vez que se envidiaban, se evitaban a la vez que se buscaban para relacionarse a través de provocaciones y  de pedradas en el descampado al que Puntí llama “el campo de batalla”.

“La infancia es una ficción”,

dice Jordi Puntí, y en este libro la reconstruye para que el lector la descubra con la misma mezcla de ingenuidad y asombro con la que esos chicos vivieron el paso de la niñez a la adolescencia, un territorio diferente donde las fronteras se diluyen y la desconfianza y el recelo dan paso a la normalidad y a la convivencia. Los castellanos es una memoria sentimental, una hermosa historia de aprendizaje construida a partir de recuerdos  filtrados por la madurez que da el tiempo.

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