Última temporada. Nuevos narradores españoles 1980-1989

En esta antología se reúnen veinte escritores nacidos entre 1980 y 1989, entre ellos, están Daniel Gascón, del que Xordica editó sus dos primeros libros, La edad del pavo El fumador pasivo, y acaba de publicar Entresuelo en Mondadori, y Aloma Rodríguez, que ha publicado tres libros en Xordica

Esto es lo que escribió Lucía Lijtmaer sobre la antología en numerocero

Es hablar de generaciones literarias y echarse a temblar -al menos los escritores-. Y no es para menos. En los últimos tiempos, la maléfica conjunción entre un periodismo cultural que busca titular fácil y el marketing editorial que ya sabemos lo que quiere, nos han dado Nuevos Dramas, Ninis, y, allá por el pleistoceno (hace diez años) nos regaló a la Generación Nocilla. Pero el tembleque es  siempre para el escritor: como te etiqueten y encasillen pasas a ser un poco como la Miss Universo de un par de años antes. Mona sí, pero aparta que ahí viene otra.

Es por eso que a las antologías, como a casi todo, las acaba juzgando el tiempo. En esta ocasión Lengua de Trapo lanza su apuesta ‘Última temporada: nuevos narradores españoles 1980-1989’ con el aval que le siguen suponiendo ‘Páginas Amarillas’ (1998) y ‘Líneas aéreas’ (1999), dos claros aciertos en previsión de relevancia. La selección, en este caso, corre a cargo del autor Alberto Olmos. La explicación de los autores elegidos está en el prólogo: los que están aquí no es por gusto propio del que elige, si no por el compromiso con la literatura que se le presupone a cada escritor. Más allá de las razones -y la que da el prologuista queda un tanto vaga, las cosas como son- lo cierto es que se apuntan nombres sólidos y relatos convincentes. A quien esto escribe le resultan especialmente fuertes los de Aixa de la Cruz, en un black out narrativo sostenido, Matías Candeira con un relato escalofriante y de precisión milimétrica, Aloma Rodríguez, por mostrar ya una voz marcadamente propia, y el cuento de Miqui Otero, que logra combinar algo que no casa fácil: crudeza y pop. Por otro lado, hay que   remarcar la incorporación del sujeto político como una novedad -¿acorde con los tiempos?- en los textos de María Zaragoza y Pablo Fidalgo Lareo.

Mención aparte merece Laura Fernández, cuyo universo es tan propio, divertido y excepcional que, como dice el chiste tonto, uno no sabe si tirarse a las vías o al maquinista. Cómo señalaba anteriormente, la alineación de una antología se demuestra jugando, independientemente de las etiquetas o polémicas que podrían intoxicar. Este es un buen principio, y para todo lo demás el tiempo dirá. 

 

 

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