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Danzas de guerra, de Sherman Alexie, en Babelia

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Sherman Alexie en Página 2

Breve pero entusiasta aparición de Sherman Alexie, uno de nuestros autores favoritos, en Página 2, a partir del minuto 9.

Patricio Pron sobre Danzas de guerra, de Sherman Alexie

Patricio Pron le dedica este texto y la pregunta del lector a Danzas de guerra, de Sherman Alexie, un libro que no nos cansamos de recomendar. En ProDaVinci.

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A menudo el hecho de que un autor recurra una y otra vez a unas y las mismas formas narrativas en un libro de relatos es señal, bien de una preocupación por sí mismo rayana en la enfermedad mental, bien de una pobreza vergonzosa de recursos. Ambos casos son bastante habituales en la cuentística contemporánea en español y deberían servir al lector para discernir (entre todo lo que se escribe en ese género) qué libro no merece la pena ser leído y qué autor puede ser descartado sin más.
En Danzas de guerra de Sherman Alexie, por ejemplo, el lector debe esperar hasta la página 122 para leer un relato que no esté escrito “en primera persona” (es decir, que no sea autodiegético). No es una historia particularmente interesante (un vendedor de ropa usada que ama a su mujer pero ya no tiene ningún interés sexual en ella tropieza en un aeropuerto con una joven, vuelve a encontrársela más tarde y cree volver a encontrarla una tercera vez, con resultados catastróficos), y el lector ya está a punto de dejar de lado el libro y olvidarse de su autor cuando, al final del relato, algo sucede: la historia se eleva sobre sí misma (repentinamente, no tiene importancia que el protagonista venda ropa usada ni importan sus gustos musicales y los aeropuertos) para convertirse en una historia épica sobre la soledad que podría transcurrir en cualquier otro sitio y ser protagonizada por otros personajes, pero (y esto golpea al lector como una especie de iluminación) no podría haber sido escrita por otra persona.
Al final de ese relato (se titula “La balada de Paul Sinembargo” en la versión de Daniel Gascón, que traduce este libro con su solvencia habitual), el lector toma conciencia por primera vez de lo bueno que es Sherman Alexie para terminar sus cuentos, pero también piensa (y esto lo hace desdecirse parcialmente) que, en realidad, Alexie hace todo bien, lo suficientemente bien (incluso) para que el lector olvide durante la lectura lo increíblemente bueno que es, lo excepcionalmente dotado que está y lo brillante de sus planteamientos narrativos, incluyendo sus estructuras. En sus relatos, el escritor estadounidense recurre a un lenguaje austero y bastante coloquial que no excluye el tono poético y a una especie de humorismo salvaje que, como en el cuento “Danzas de guerra” vuelve tolerable el dolor sin disminuirlo ni justificarlo. Hay algo desconcertante en todo ello, y cuentos perfectos como “Terrible simetría” se benefician de ese desconcierto, del descubrimiento por parte del lector de que su método para distinguir entre buenos y malos escritores ha fracasado y que (casi sin haberse dado cuenta) ha tropezado con uno de los más grandes, con uno a la altura de Lorrie Moore, Alice Munro y Tobias Wolff. Uno de esos autores imprescindibles cuyo descubrimiento provoca en el lector (entre muchas otras) las preguntas: ¿Cómo pude vivir yo hasta ahora sin haberlo leído? ¿Cómo es que me perdí un autor así durante tanto tiempo?

Danzas de guerra en La tormenta en un vaso

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María José Montesinos
¡Cuántas veces una metáfora no es sino el recurso más simple y directo para vestir literariamente una historia! Eso nunca sucede en el caso de Sherman Alexie. El paralelismo que establece entre el oficio de montador cinematográfico del protagonista del primero de los relatos de este libro y la forma fragmentada de contar la historia, con flashbacks, cambios de plano y de puntos de vista, resulta una brillante muestra de cómo este autor maneja la escritura al más alto nivel. No es del todo extraño porque la de montador es una profesión de la que ha estado muy cerca Alexie que, además de escritor de relatos y novelas, es también poeta y guionista cinematográfico.
Aparte de lo dicho, es un indio spokane y cour d’alene, dos tribus cercanas cultural y genéticamente de las que apenas quedan unos cientos de miembros en la actualidad. Creció en la reserva de Wellpinit, en Washington, estado en cuya capital, Seattle, sigue viviendo y en cuyas universidades ha estudiado.
Pese a que provenga de una cultura tan singular, no se instala en la excepcionalidad, antes bien posee (y utiliza) una voz universal, tanto por la profundidad y anchura de su mirada sobre el mundo, como por el tratamiento de sus temas y la riqueza de sus recursos estilísticos. Alexie puede narrar en primera persona con igual competencia las reflexiones de una madre soltera, los pensamientos del homófobo hijo de un senador republicano, o los percances emocionales de un infiel comerciante de ropa vintage. Y lo hace con la misma credibilidad que cuando aborda circunstancias más cercanas a su biografía, como las cavilaciones de un padre de familia nativo americano preocupado por la reaparición de una grave enfermedad padecida en la infancia. La prosa poética de Alexie puede hablar de las cosas más lejanas al lector y hacer que éste las sienta como propias. Es capaz de convertir en literatura un cuestionario médico o hacer un tratado de tres páginas sobre la pérdida, tras caer en la cuenta de que el americano medio expresa sus emociones recurriendo a las canciones de las listas de éxito radiofónicas.
El libro va intercalando los relatos con la poesía. Las novias de las ciudades pequeñas le sirven para evocar la complicidad humana ante las adversidades, las disputas infantiles entre hermanos para una defensa de las tradiciones culturales indias, la visión del intento de atropello en un perro para preguntarse «¿Por qué creen los poetas que pueden salvar el mundo? La única vida que puedo salvar es la mía».
La extrema humanidad que aparece en sus creaciones le hace sonar como un clásico aun cuando componga melodías radicalmente contemporáneas.Se trata, a mi parecer, de uno de los mejores escritores de nuestra época. Por eso es muy de agradecer que una editorial pequeña, como la aragonesa Xordica, publique estos relatos, ya lo hizo con su anterior recopilación Diez pequeños indios; ambos con la sobresaliente traducción de Daniel Gascón.
Pese a que Alexie es un escritor viajado y de gran erudición, muchas de estas narraciones cortas se sitúan en el mundo de los nativos americanos. Tal vez porque, como dice, «no es que uno elija su cultura, sino que tropieza y cae sobre ella», o porque una simple anécdota familiar puede resultar más reveladora que un documental de denuncia social. En el relato que da título al libro, un hombre busca por todo el hospital una manta india para su anciano padre, helado de frío bajo las gélidas sábanas de la sala de postoperatorio, cercenado por la diabetes y por lo que en las reservas se considera causa de muerte natural: el alcoholismo.

Danzas de guerra, por Miguel Ángel Muñoz

Miguel Ángel Muñoz, escritor y autor del blog “El síndrome Chejov”, ahora alojado en Diario Kafaka, de El diario, publica hoy una reseña estupenda de Danzas de guerra, de Sherman Alexie. 

La compartimos:

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La condición de Sherman Alexie (Wellpinit, Washington, 1966) como miembro de la tribu indiaspokane funciona como un mcguffin en todos sus relatos. Parece que sus cuentos tratan sobre la difícil condición del indio contemporáneo, y en realidad sus historias tratan de otras cosas. Ya saben, los temas importantes: las relaciones padres-hijos, cómo enfrentarse a la enfermedad y a la muerte, pero sobre todo a la vida, cómo sobrellevar la dilapidación de las hermosas herencias míticas que recibimos al nacer, y que se descascarillan con el tiempo, cómo superar las derrotas gracias al humor. Todos los humores son bilis pero también ternura. Porque ternura hay en abundancia en este volumen de cuentos que ganó el prestigioso National Book Award –que tienen la mayoría de los grandes de la ficción norteamericana, excepto Salinger y Foster Wallace-. Los personajes de Sherman Alexie reparan en todos sus cuentos en el absurdo que supone tomarse a sí mismos demasiado en serio, y aunque eso no les libre de amarguras, la espita del humor, servida en diálogos hilarantes, muy ágiles, rebaja el dramatismo de sus vidas, casi siempre en encrucijadas en las que ni siquiera se plantean tomar ningún camino. Y ser indios, como ser judío para el alter ego de Woody Allen, significa ser depositarios de un tesoro divino que es un inconveniente terrenal. Las danzas rituales que rogaban a la naturaleza por la protección de la salud apenas sirven al protagonista del cuento que da título al volumen para un objetivo bien menor: conseguir una manta con la que cubrir en el hospital a su padre enfermo, que tiene frío, cada vez más frío. “¿Es cierto que el único término literario que tiene algún significado en el mundo nativo americano es road movie?”, se pregunta el personaje. Su padre, “el hombre del que siempre me he sentido más cerca es el que más me ha decepcionado”, es un borracho diabético. Su hijo se reconoce incapaz de identificar cuál es el legado que le deja ese hombre a punto de morir. Mientras  tanto, el humor negro sirve como terapia efectiva.

“-A mi padre le acaban de cortar los pies-dije.

-¿Diabetes?

-Y vodka.

-¿Vodka solo o con un poco de nostalgia?

-Los dos.

-Causas naturales para un indio.”

Uno coge cariño a sus personajes y los acompaña en sus disquisiciones, sus monólogos absurdos, sus reacciones contemporizadoras, como las de Paul Sinembargo, que cree enamorarse de una atractiva mujer a la que conoce en una terminal de aeropuertos. Esa medicina anti-tedio hará que busque a la dama en cada uno de sus viajes, todo para sentir que no está tan solo. En “El hijo del senador”, magnífico, un tipo pega una paliza a un antiguo amigo homosexual, al que ni siquiera ha reconocido pues llevan mucho tiempo sin verse. Metido en un problema muy gordo, acude como un auténtico bebé a pedir ayuda a su padre, un senador al que se le augura una brillante carrera presidencial. El cuento está resuelto con gracia paradójica y una ambigua sutileza. En “Allanamiento de morada” un guionista se ve sorprendido en su casa por un ladrón al que mata sin pretenderlo, y el hecho de que el ladrón sea un joven negro le hace replantearse su situación de blanco acomodado al que nadie identifica con un indio. “La mayoría de la gente cree que soy uno de esos blancos que se ponen morenos.” En el divertido “Sal” a un periodista novato le cae el encargo de redactar una necrológica y se entrevista con la viuda del difunto, lo que da lugar a una situación hilarante.

Los siete relatos largos del libro se van alternando con poemas –esos poemas narrativos típicamente norteamericanos que son más bien anécdotas versificadas; a mi entender, flojos, aunque le dan al libro un aire distinto-. Pero si nos centramos en los cuentos de Alexie, su lectura es una delicia vital, muy recomendable para todos aquellos que, sean o no pertenecientes a una tribu india, aprecien que la melancolía no es incompatible con el sentido del humor y disfruten con esos personajes que, a través de los diálogos, son capaces de cuestionarse su mundo y el de los que les rodean. No somos tan importantes porque, al fin y al cabo, ¿quién sabe bailar hoy danzas de guerra? ¿Quién quiere bailarlas?

Danzas de guerra en El Placer de la Lectura

Recuperamos la reseña de Danzas de guerra, de Sherman Alexie, que publicó Pepe Rodríguez en El Placer de la lectura. 

¡Oh, sí! Cómo me gusta leer a Sherman Alexie. Ya sé que a ustedes ni les abanican los gustos míos, pero no puedo evitar decírselo. En realidad es tan tonto como que el plato preferido de Ferrán Adrià sean las carrilleras. Por mucho que a él le gusten a ustedes seguramente no les apetezca ni probarlas. Pese a esto les voy a exponer las razones por las que me gusta, perdónenme por ser esta vez menos ecuánime que otras veces.

Danzas de guerra es una  colección de relatos de un nivel superior al medio. Racial, (como su propio autor Sherman Alexie 1966 EEUU, indio spokane), divertida, cultivada, mordaz, ácida y con el mejor sentido del humor que no es otro que el de reírse de uno mismo. Pero cuenta por añadidura con una capacidad de entender al género humano diferente, básica, -india, vamos- la sabiduría instintiva que tienen los mayores aceptada por los jóvenes y verificada empíricamente.

Allanamiento de morada presenta al doble del autor sufriendo la persecución de la opinión publica por ser otro blanco que ha matado a un ladrón negro en su casa. Lo trágico se mezcla con la realidad, los argumentos racistas flojean cuando se descubre que ha sido un indio spokane quien lo ha hecho tranquilizando a todos menos a su conciencia. Algo semejante le sucede a Paul  Sinembargo, el bucólico protagonista de su balada, un hombre que ha perdido el deseo sexual por su mujer, la más atractiva de todas las que hay sobre la tierra, después de verla dar a luz a sus hijos. Paul ahora deambula por los aeropuertos en busca de una desconocida calzada con unas puma rojas para lograr exorcizarse.

La redención y cómo conseguirla es el objetivo de Terrible simetría. Un escritor es contratado para escribir un guión sobre un incendio forestal, pero sufre en su capacidad creativa la castración que los magnates el cine le imponen y que se traslada más allá del contrato. Logra esa redención de la forma más heterodoxa.

Danzas de guerra, abunda sobre el perdón, sobre la relación que al autor tuvo con su padre borracho y los cuidados otorgados estando terminal.

El hijo del senador es el texto más dramático, dotado de una intriga inusual que mantiene al lector pegado al libro, tras descubrir que la carrera de un senador demócrata está en peligro por la paliza que su hijo y sus amigotes le propinan a una pareja de homosexuales. Por desgracia uno de ellos era el mejor amigo del hijo.

La poesía se abre camino en los interludios refrescando el contenido ya de propio atractivo. Anécdotas, sabiduría tradicional, consejos, paradojas, cajas chinas, círculos viciosos que se entrecruzan en este fresco mosaico de la vida norteamericana girada hasta el inverosímil ángulo de un indio spokane culto, escritor reconocido, criado en un colegio católico, blancucho y hasta atractivo.

Espero que les guste tanto como a mí.

*La imagen está tomada de aquí.

Danzas de guerra recomendado en La librería de Javier

SHERMAN ALEXIE. LA VOZ DE LAS TRIBUS INDIAS

Danzas de guerra
Sherman Alexie (Editorial Xordica)
Traducción de Daniel Gascón
Título original: War Dances

Si hay que poner un epíteto a la obra de Sherman Alexie es el de original. Sus textos son aire fresco de la mañana en este mundo editorial que huele a viciado. Este autor procedente de una tribu india estadounidense nos sorpende con cada pequeña historia que nos cuenta. Su obra anterior, “Diez pequeños indios” ya nos daba buena cuenta de ello, pero esta que me acaba de llegar, “Danzas de guerra”, derrocha ingenio y ternura por los cuatro costados. Una novela escrita como amalgama de prosas literarias en las que no faltan brochazos poéticos y que nos hará disfrutar horas y horas.

Con una asombrosa capacidad para penetrar en la mente de artistas, empresarios, padres, maridos e hijos, Sherman Alexie puebla sus relatos de personas corrientes al borde de un cambio excepcional. En el cuento que da título al libro, un hijo recuerda a su padre –que murió de “la muerte natural del indio”: a causa del alcohol y diabetes–, cuando descubre que él mismo puede tener un tumor cerebral. En “La balada de Paul Sinembargo”, Alexie disecciona el matrimonio fracasado del dueño de una tienda de ropa vintage y su posterior persecución de una desconocida en varios aeropuertos norteamericanos. En “Allanamiento de morada”, narra el fatídico encuentro de un montador de cine con un adolescente que entra en su casa para robar su colección de DVD. Descarado y sabio, cómico y apasionado, este libro nos lleva al corazón de lo que significa ser humano. Los nuevos comienzos, los éxitos, los errores y los remordimientos que configuran nuestra vida diaria aparecen desnudos en una obra rica y provocadora que muestra a Alexie en la cúspide de su talento.
Danzas de guerra, Premio PEN/Faulkner en 2010, es un libro iluminado por la prosa poética de Sherman Alexie, y nos recuerda por qué su autor es unos de los mejores escritores contemporáneos.

Cuando tenía nueve años, mi padre se cortó la rodilla
con una motosierra. Pero dejó que sangrara
y terminó de talar otro árbol
antes de que su jefe lo llevara a URGENCIAS

Esa noche.,, borracho de morfina y cerveza,
mi padre necesitó mi ayuda para llevar
su camioneta hacia el bosque. “Cuidado con los ciervos
-dijo mi padre- Aparecen de repente

por arte de magia”. Era el verano indio
y condujimos bajo lluvia y truenos tibios
hasta encontrar la motosierra, bajo
el pino caído. Después observé, asombrado

mientras mi padre, rico en escopetas y pobre en impulso.
mataba esa motosierra. “¿Por qué lo has hecho?”,
pregunté. “Hijo -dijo mi padre-, así son las cosas.
Cuando algo prueba la sangre, vendrá a por más” 
(p. 69)

Sherman Alexie, Wellpinit, Washington –EE.UU–, 1966, es autor de libros de poesía, relatos, novelas y guiones cinematográficos. En España ha publicado los libros de cuentos La pelea celestial del Llanero Celestial y Toro (1994), El indio más duro del mundo (2001, Diez pequeños indios (Xordica, 2010) y las novelas Blues de la reserva (1995), Indian killer (1997) y El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial (2009).
Alexie aparece entre los Veinte Escritores para el siglo XXI seleccionados por el semanario The New Yorker y en la Lista de Mejores Jóvenes Novelistas Americanos de la revista Granta.

 

Ver blog.

Danzas de guerra recomendado en La Buena Vida

Danzas de guerra

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Danzas de guerra
Sherman Alexie – Xordica

Este es el segundo volumen de cuentos que se traduce al castellano de este escritor indio noteamericano de la tribu spokane. El primero nos encantó. Un estilo ágil, un sentido del humor contagioso y una siempre original forma de mirar personajes y situaciones. En esta segunda recopilación de relatos, seguimos contando con el humor, pero con algo más de extrañeza. Algunos de los relatos, como Allanamiento de morada, exploran la culpa, la responsabilidad y la imposibilidad de dominar completamente nuestro destino; en otros, más costumbristas, analiza la vida en pareja, las relaciones paterno-filiales, las crisis de las diferentes etapas de la vida de una persona. Quizás más ligero, pero igual de curioso. Con Alexie no somos ya los único indios en La Buena Vida.

 

Aquí, el blog de la librería La Buena Vida.